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La extinción sigue acechando a la fauna silvestre del Perú

El oso andino o de anteojos es el único oso que habita en Latinoamérica y es endémico de los Andes tropicales. En el Perú, ocupa un territorio que va desde Piura hasta Puno. Este mamífero puede medir dos metros y pesar 130 kilos. Se alimenta de vegetales, insectos y, rara vez, come carne de animales.

Bajando los Andes, en los bosques montanos de las regiones Amazonas, San Martín y La Libertad habita el mono choro de cola lanuda o cola amarilla. Es endémico del Perú. Su pelaje cobrizo es lanudo y denso. Se alimenta de frutas, flores y posiblemente de insectos.  Los adultos alcanzan los 54 centímetros y sus colas llegan a ser más largas que sus cuerpos.

Perú está entre los 10 países con mayor diversidad de fauna en la Tierra. Es el tercero en el mundo con más aves registradas (1.858) y, en cuanto a mamíferos, con una lista de 519 especies, es el cuarto país más diversos del planeta, solo por debajo Brasil, Indonesia y China. Es un paraíso para la vida silvestre. Y a la vez un infierno.

Los cazadores están tras los osos y los bosques húmedos de los Andes están siendo destruidos por los agricultores que amplían sus fronteras cultivables obligando a los osos a migrar o a vivir en espacios cada vez menos seguros. Si las condiciones actuales de degradación se mantienen, la población de osos se reducirá en 30%.

Al mono choro de cola amarilla le ocurren tragedias similares. Los taladores están acabando con sus bosques y los cazadores los atrapan para comer su carne y venderlos como mascotas. Quedan, según una estimación de la ONG Neotropical Primate Conservation (NPC), entre 1.000 y 5.000 individuos. En los últimos 20 años, esta población de primates decayó en 80%. Así como el oso andino, este primate está en la lista de especies silvestres con riesgo de extinguirse.

En una preocupación global. Un millón de las ocho millones de especies animales y vegetales que se conocen sobre la Tierra están amenazadas de extinción “a un ritmo sin precedentes”, según un extenso informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), presentado esta semana en París (Francia).

La más reciente lista de fauna silvestre con riesgo de extinguirse en Perú se publicó el 2014. Se ordenó la protección y conservación de 389 especies amenazadas de anfibios, mamíferos, aves, reptiles e invertebrados. Además, se incluyó a otras 146 especies por prevención, entre ellas el puma y el otorongo (jaguar).

No se incluyó en este inventario peces, ballenas, delfines ni otras especies acuáticas. La Ley General de Pesca no los considera fauna silvestre sino “recursos hidrobiológicos”.

Basándose en la citada lista, el 2018, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) publicó el Libro Rojo, con el detalle de las amenazas que enfrenta cada una de las 389 especies en peligro crítico (CR), en peligro (EN) y vulnerables (VU).

–Destrucción y tráfico–
La alteración y destrucción de los ecosistemas es causante de la caída poblacional de varias especies. Esta amenaza, indica el Libro Rojo del Serfor, es provocada por la expansión agrícola y urbana, la deforestación de bosques, y la contaminación química producto de la actividad minera, de hidrocarburos e industrial.

El Serfor reconoce en el Libro Rojo que el declive poblacional de las especies amenazadas continúa “irreductible en el Perú” y que “las amenazas se mantienen a pesar de las medidas adoptadas como el aumento de áreas naturales protegidas y la aprobación de normas y planes de conservación de especies”.

Urku es un centro de rescate a 20 minutos de Tarapoto (San Martín) que recibió en cinco años 500 animales amazónicos arrebatados de sus hábitats por traficantes.

Según César Guerra, director de este refugio, hay ahora 98 especies albergadas entre primates, lagartos, anfibios y aves. Muchos de estos animales pudieron volver a la selva, pero algunos están condenados a vivir en cautiverio porque perdieron su instinto salvaje. Es el caso de un tapir rescatado hace ya 12 años.

El tráfico de fauna silvestre es un problema tan grave como la minería ilegal y el narcotráfico, al ser un negocio ilícito con alta demanda en los mercados negros internacionales, comenta Alicia Abanto, de la Adjuntía de Medio Ambiente de la Defensoría del Pueblo.

“La desaparición de especies es un problema invisible. Si bien tiene gravísimos impactos en el equilibrio de la naturaleza, sus efectos no son tan notorios como la destrucción de los bosques por la minería ilegal. El Estado tiene que redoblar sus esfuerzos para reducir esta amenaza”, dice Abanto.

El Serfor rescató el año pasado 7.113 animales vivos en manos de traficantes, pero la verdadera cantidad de fauna sacada de su hábitat supera cualquier registro oficial.

La desaparición de una especie, explica la veterinaria Yovana Murillo, de la ONG Wildlife Conservation Society (WCS) Perú, impacta en el desequilibrio de un ecosistema.

“Sacar un loro, un mono o una rana afecta la cadena trófica de un ambiente porque en ese medio puede ser presa, predador o indicador de cambio climático. Hay especies que dispersan las semillas y otras que mantienen el flujo genético de un ecosistema. Cada una tiene un rol”.

En producción de herramientas de gestión y planes de conservación, el Perú ha dado pasos importantes desde la creación del Serfor el 2014. Sin embargo –dice Murillo– en temas de estudios en campo de las poblacionales y en reducción de amenaza como el tráfico de animales difícilmente se encontrarán resultados alentadores.

Avances en la conservación de especies amenazadas (OPINIÓN)

Jessica Gálvez-Durand Besnard / Servicio Nacional Forestal y Fauna Silvestre ​

El Perú ya tiene planes nacionales para conservar especies amenazadas como el cóndor andino, el suri o ñandú petizo, la pava aliblanca, el oso andino y el tapir. Otros dos planes para las tortugas marinas y los primates amenazados estarán listos este año.

También contamos, junto a Bolivia, con un plan binacional de conservación de la rana gigante y del zambullidor del lago Titicaca. Y el otro año aprobaremos dos planes más: el del jaguar y el del pingüino de Humboltd. Para el Bicentenario, la meta es tener 16 de estos documentos.

Es la primera vez que el país tiene este tipo de herramientas,que son vinculantes y los gobiernos regionales y actores involucrados estamos obligados a ejecutar.

Ya contamos también con la Estrategia Nacional para Reducir el Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre 2017-2027. Antes del 2015 se hacía muy pocas intervenciones por tráfico de fauna silvestre. La ley no estaba muy clara y las autoridades no consideraban importante detener a una persona por tener en su poder un colmillo o un pajarito. Eso está cambiado. El año pasado recuperamos más de 7.113 especies vivas y 9.370 partes de animales silvestres.

 

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